Guardiola y el fútbol cerebral

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Con el 10 a la espalda y de titular. Así de rimbombante fue el debut de Pep Guardiola con el primer equipo del Barcelona. Era un 16 de diciembre de 1990 en el Camp Nou. Al noi de Santpedor le quedaba menos de un mes para cumplir los 20. Sin Luis Milla, ya en el Madrid, ni Guillermo Amor, sancionado, Johan Cruyff decidió poner de inicio contra el Cádiz en el Camp Nou a un joven imberbe, delgado y con aparente nerviosismo antes de los partidos.

A simple vista no tenía las cualidades habituales de la época. No era rápido. Tampoco tenía fuerza, mucho menos regate o gol. Jamás había destacado por ello en la Masia. Poco le importaba eso a Cruyff, ya que gozaba del atributo que más entusiasmaba al genio holandés: la agilidad mental. La clarividencia para proyectar jugadas futuras y la comprensión del juego rápidamente permitieron a Guardiola ganarse un puesto en la plantilla blaugrana y convertirse en uno de los estandartes de la era triunfal del Dream Team.

Como futbolista, tenía el atributo que más entusiasmaba a Cruyff: la agilidad mental

Abrazó la doctrina del fútbol de posición toda su carrera y siguió siendo fiel a ella el día que decidió coger una pizarra hace ya más de una década. Muchos de sus excompañeros ya veían en el Pep futbolista un nexo entre el banquillo y la grada. Parecía, pues, predestinado a ser un entrenador de éxito. No sólo ha igualado su etapa vestido de corto, sino que la ha superado con creces. A sus 50 años, cifra redonda que alcanza hoy, puede presumir de seguir siendo uno de los técnicos más influyentes en el fútbol contemporáneo con la virtud de haber sabido modernizar y adaptar la tesis cruyffista en sus equipos.

No lo hace en Barcelona, donde el club vivió la etapa más esplendorosa de la historia entre 2008 y 2012, sino en Manchester. En el noroeste de Inglaterra goza de la calma y la estabilidad que le transmiten los dirigentes del City y gente cercana como Ferran Soriano (director ejecutivo) y Txiki Begiristain (director deportivo). De no ser así, difícilmente Guardiola –poco propenso a permanecer mucho tiempo en el mismo sitio- hubiera extendido su contrato hasta junio del 2023. “Siempre me he sentido muy bien acogido en el club y en la ciudad. Tener ese tipo de apoyo es lo mejor que puede tener un entrenador. Tengo todo lo que podría desear para hacer bien mi trabajo”, decía a finales de noviembre, cuando se oficializó su renovación.

Guardiola ha sido capaz de implementar su estilo de juego en Inglaterra

REUTERS

Siempre ha vivido el fútbol de una manera muy pasional. Lo hacía desde pequeño, cuando empezó a dar sus primeros pases en el Gimnàstic de Manresa. Y hablamos de pases porque expresarlo con “dar patadas al balón” sería demasiado vulgar tratándose de Guardiola. El talento de ese niño introvertido fuera del campo pero que se transformaba dentro de él no pasó inadvertido. Oriol Tort, ojeador del Barça, fue su gran descubridor y en 1984 se lo llevó de Santpedor a la capital catalana para vivir en la Masia.

Allí encontró la atmósfera ideal para forjarse como jugador. Bajo las órdenes de Antonio Olmo y Quique Costas fue quemando etapas y creciendo hasta llegar al filial. La presencia de Cruyff junto a Rexach en el primer equipo blaugrana cuando él se encontraba en la fase final de su formación lo facilitó todo. Fue clave en el devenir de su carrera. Sus primeros años como profesional fueron los mejores a nivel de resultados y de juego. Tras la marcha de Cruyff, le costó mucho más congeniar con Robson y Van Gaal, aunque Guardiola siguió aprendiendo, también de ellos. Con la etapa decadente del Barça de Gaspart llegó el momento de decir adiós al club y embarcarse en busca de nuevas aventuras en el extranjero.

Renovado hasta junio del 2023, Guardiola goza de calma y estabilidad en el City

En Italia pasó de puntillas en la Roma de Capello –la noche y el día a la hora de ver el fútbol- y disfrutó con Roberto Baggio en el Brescia, aunque las acusaciones de dopaje, de las cuales quedó finalmente absuelto seis años después, supusieron un duro mazazo en su vida. Pasó dos años en Qatar y antes de colgar las botas jugó en México en el Dorados de Sinaloa, el mismo club que dirigió Diego Maradona. Lo hizo bajo las órdenes de Juanma Lillo, a quien siempre había admirado y con quien luego estableció una gran relación de amistad.

Después de beber de otro fútbol y querer aprender de reputados técnicos como Menotti o Bielsa, Guardiola eligió los banquillos para que otros pudieran seguir plasmando sobre el campo su idea. Un año en el Barça B le bastó por dar el salto al primer equipo. La etapa de Rijkaard y Ronaldinho había llegado a su fin. Era la hora de Messi. Guardiola fue la apuesta arriesgada de Laporta y los suyos después de que descartaran otras opciones más consagradas –se habló incluso de Mourinho-. El resto es historia. Los títulos que logró como jugador entre 1990 y 2001 –seis Ligas, dos Copas del Rey, una Copa de Europa y una Recopa, entre otros- parecen pocos comparados con los 14 logrados en cuatro años en el Barça. Ese Barça del sextete, con Xavi e Iniesta, grandes admiradores del Guardiola futbolista, Messi, Alves, Puyol… Fútbol preciosista de otro mundo y con la cantera como protagonista.

Los jugadores del Barça mantean a Guardiola tras ganar la final de la Champions en Wembley, una de sus grandes exhibiciones

LV / Alex Garcia

El barcelonismo vivió con histeria sus renovaciones año a año hasta que en el 2012, cansado del club y del entorno, decidió dar por terminada su etapa en el Barça. Un trauma para algunos convertido con el tiempo en nostalgia. Luego, consiguió que en Alemania e Inglaterra, donde se practica un fútbol mucho más físico, triunfara su estilo de juego. El Bayern siguió siendo el dominador que era, pero más alejado del modelo germánico. Para el recuerdo, la reconversión de Lahm de lateral a centrocampista.

Más mayúsculo fue el desafío en la Premier. En el país del kick and rush ha sido capaz de instaurar la pausa y el toque en el City a pesar de que muchos ponían en duda de su éxito. La Champions es su cuenta pendiente -no la gana desde que marchó de Barcelona-, pero en Manchester media ciudad aprecia la transformación que han vivido los cityzens (la otra la sufre).


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Santiago Segurola

Guardiola no vislumbra su final en los banquillos. “La experiencia te ayuda, sobre todo de la forma en la que vivo mi trabajo. Antes pensaba que me retiraría pronto, ahora me veo retirándome más mayor”, aseguró recientemente. El fútbol, a buen seguro, lo agradecerá.