El fútbol argentino, en su laberinto

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Torneos diferentes y difíciles de explicar se mezclan con furiosos cambios de rumbos de los clubes a la hora de buscar entrenadores. Un combo letal.

La sorpresiva llegada de Falcioni a Independiente termina de confirmar el viento de cambio que vive la dirigencia argentina. Del desconcertante Becaccece a Julio César, un viejo lobo de mar, mayor que cualquier otro técnico del medio local y alejado del fútbol en los últimos tiempos, en poco más de un año. Volantazo que le dicen, con un tramo poco fructífero de Pusineri en el medio.
Y Racing mismo, mucho más serio y coherente hoy por hoy, también salió a buscar a Pizzi para volver a las fuentes y escapar un poco de la locura y el vértigo de su antecesor. Algo que podría aplicarse también a San Lorenzo.

También Estudiantes recurre a Zielinski después de cansarse de probar con entrenadores, en general, jóvenes recién recibidos, o casi. Evidentemente la experiencia es un bien que cotiza. A veces parece olvidarse pero el fútbol vuelve a dejarlo claro, más allá de excepciones como las de Gallardo.

El tema preocupante es el bamboleo, ese pendular permanente del pensamiento de los que dirigen los clubes, que llevados por modas van para acá o para allá en cuestión de meses. Guiados por comentarios, supuestos gurues del fútbol, rumores o lobbies, son capaces de incorporar sin saber o conocer. Antes el camino para llegar a un equipo grande era extenso.

Hoy los tiempos se acortaron y hasta no se necesitan títulos ni medallas. Con parecer diferente, renovador y progre parece alcanzar. En algunos casos un buen nombre en el medio te abren las puertas también. Claro que después hay que ratificarlo en la cancha.

Y así está la cosa, llena de decisiones repentinas y difíciles de fundamentar. Un día dicen una cosa y al siguiente parecen cambiar. Todavía no entendemos el por qué del incremento de equipos en primera ni el diseño de los torneos pero ellos siguen adelante.

Momento particular con el mercado de pases mucho más activo en los bancos de suplentes que en cuanto a los jugadores pero con entrenadores que saben que asumen con poco tiempo para demostrar y encima un campeonato, para muchos, con escaso atractivo.

Ahí anda el fútbol argentino y sus dirigentes, tratando de encontrar un rumbo. Total, si esta así hace casi 100 años, se ve que aguanta.

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